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La sal

Unos diez gramos de sal consumimos al día entre todas nuestras comidas pero lo hacemos de la tradicional sal, la fina, la más popular en nuestra alacena. Si bien, cada vez más incorporamos alguna otra sal, ya sea gorda, en escamas, negra o rosa del Himalaya.

Los inicios de este alimento básico datan de hace 5.400 años a.C., en un asentamiento próximo a la ciudad de Provadia, al noreste de Bulgaria. Los foráneos de esas tierras hervían agua salada proveniente de unas fuentes cercanas en unos recipientes de barro para conseguir evaporar el agua y dar como resultado un bloque de sal que posteriormente lo comercializaban o lo utilizaban para aderezar sus comidas.

Ya pasado unos años, en el Neolítico, cuando el hombre aprende los oficios del campo, la sal se convirtió en el principal método de conservación para productos con poca durabilidad tales como la carne o el pescado. De ahí que se ubicaban a escasos metros del agua y la sal.

Ciudades como Salzburgo deben su nombre a este mineral denominado también el “oro blanco”. Además, ponían punto de partida a la Vía Salaria, vía romana más antigua de Italia, que cruzaba el Tíber salando e enriqueciendo el comercio de la sal custodiada por fuertes soldados que recibían parte de su paga en bolsitas de sal o llamada en aquel entonces salarium argentum. Ahora el conocido y sonado salario.

La más codiciada es la flor de sal que se origina sobre la superficie del agua a la que rápidamente debe ser retirada con finas mallas antes de que decante en el fondo.

Usted utilice la habitual o la que más le guste, ya sea ahumada, negra, kosher, gris, guerande o gomashio, una mezcla de sésamo y sal. Eso sí, con prudencia y consideración.

Ver: 5 claves para elaborar un combinado perfecto

Autor del artículo
Manu Balanzino
Chef, sumiller y asesor gastronómico. Experto en gestión de Alimentos y Bebidas en el sector de la Hostelería, se encuentra inmerso en labores de asesoramiento a restaurantes en el desarrollo de cartas, vinos, destilados y control de costes. A su vez, asesora a numerosas marcas del sector agroalimentario. Su formación en el sector Servicios comienza en la Escuela de Hostelería de Benalmádena, para posteriormente ampliar sus conocimientos, cursando la "Diplomatura en Gestión de Alimentos y Bebidas" en CIOMijas, y el "Certificado Profesional de Sommelier Internacional" por ESHOB. Manu Balanzino es un apasionado del mundo de la comunicación, y ha fundado el periódico digital de gastronomía, The Gourmet Journal, una publicación referencial del ámbito gastronómico la cual dirige. Además, es colaborador experto en gastronomía en revistas especializadas como Andalucía de Viaje, El Gourmet (AMC Networks International Latin America) y Diario Sur. En radio, conduce el programa "Momentos Gourmets" en COPE y en televisión, colabora en Canal Cocina, RTV Marbella y Fuengirola TV.

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