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En busca del salto global

Cada cocina debe tener una seña de identidad y siempre basada en algún plato característico. La tapa, el mayor exponente de la cocina española.

La tapa, una de las señas de identidad de España.
La tapa, una de las señas de identidad de España.

¿Qué es lo que tanto atrae de un Macdonalds? ¿Cuál es su irresistible encanto? ¿Tanto tirón tiene una hamburguesa? ¿Será por lo fácil que es pedir y lo rápido que es comer? Barato, barato, tampoco es ¿no? ¿Es que es irresistible el kétchup o la mayonesa? ¿O es que simple y complejísimamente han dado con el gusto original universal? Porque si me dicen que es por las terribles patatas fritas, yo es que me suicido.

Tres cuartos de lo mismo aunque sea harina de otro costal, la que se utiliza para su masa básica, pasa con las pizzas. Aunque la verdad sea dicha, sus esencias, sus ingredientes y su espíritu están mucho más cercanos a los españolines mediterráneos. Esta es una segunda verdad global dentro del negocio de la restauración.

Mis chavales andan por los catorce y están ya pegando el salto a una tercera fase donde se encuentran con la estrella del oriente continental: chinos, vietnamitas, coreanos y thais. Preludio y/o coetaneidad del cuarto jinete de ésta apocalipsis: el mundo japo, que está entrando con mucha fuerza y ha venido para quedarse junto a la juventud aunque aún le queda largo recorrido para pillar a sus predecesores.

Y así llegamos al quinto elemento, un pasajero al que tengo cariño especial porque en mi veintena universitaria madrileña acogió mis primeros pinitos de cenas con muchachitas y también amigotes. Mis hijos están ahora en ir al Hollywood Forsters. Una especie de tex-mex carnívoro que incorpora elementos variopintos y colaterales guarrindongos y atractivos.

Tras esta segunda norteamericanada vuelve la bella Italia con sus pastas que atraen y gustan a tirios y troyanos de toda edad. Las creperías murieron en el intento, los indios y árabes no llegan.

Pero, ¿y nuestra querida España? esa España nuestra, mía, tuya, ¿dónde queda? ¿qué tenemos para ofrecer/atraer al mundo mundial? ¿tenemos alguna verdad culinaria con la que salir al espacio exterior? ¿qué fuerza gastronómica, que armada invencible podemos sacar de nuestros pucheros que nos ayude a reconquistar las colonias del imperio donde no se ponía el sol? ¿cómo dar el salto a la fama?

Marisquerías, la tortilla de papas, el pescaíto de Las Doradas, pulperías, asadores vascos y castellanos, las ventas de carretera, arrocerías, sidrerías, casas de comida, chiringuitos de playa, freidurías… no, no es eso. Ni siquiera la alta cocina de vanguardia. Sólo hay una única y última oportunidad: La Tapa. Esa es. 

Ver:  Bocaditos de Crema de Avellanas

Autor del artículo
Fernando Huidobro
Fernando Huidobro Rein es abogado ejerciente como socio y presidente de la firma Iberia Abogados y Asesores Tributarios. Su mundo de la gastronomía empieza fundando la Academia Andaluza de Gastronomía y Turismo de la que es presidente en la actualidad. Participa en las sesiones de la Junta Directiva de la Real Academia de Gastronomía. También asesora y colabora de forma permanente con los Cocineros Dani García, Ángel León y Paco Morales.

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